Amigos

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Hay muchas razones por las que ahora mismo estoy a punto de terminar un disco que me ha supuesto una sorprendente catarsis al respecto de un buen número de pensamientos que tenía en la cabeza. Sería muy difícil destacar una de ellas por encima de otras pero si tuviese que hablar de culpables la cosa se relaja bastante e intuyó que será mucho más fácil de hacer ya que por suerte o por desgracia no son tantos a los que puedo culpar de que un día me liase la manta a la cabeza para hacer algo que nunca tuve demasiado claro que tuviese que hacer. Mis amigos de los Happy Losers fueron sin duda los primeros en animarme a hacerlo lo cual es algo muy de agradecer por mi parte pero es que ellos son así. Teno y Jose Luis de Pop Producciones son otros que siempre han creído en mi y su absoluta facilidad para ver sencillas las cosas que a mi me parecen complicadas fue también reveladora y fundamental para un momento dado dedicir dejar de seguir dándole vueltas a algo que no tenía salida. A veces es importante tener la confianza y la amistad de gente que siempre mira para adelante. Pablo Carrero, de Rock indiana, es otra de esas pocas personas en las que confío, y no sólo al respecto de su criterio musical y que también me animó ciegamente al tirarme a las piscina igual que lo hizo mi admirado y querido Julio Ruiz, un tipo que sigue dando cada día lecciones de profesionalidad, al que haría el favor que me pidiese y al que le pasaría cualquier maqueta que yo grabase tuviese un programa en el que ponerla o no. No creo que sea casualidad el que sea del Atleti. También agradecí mucho los ánimos de Alex Cooper y Nacho (el excelente batería de Cooper también) o de Juan Ferrari o Javier de Torres o de Lisandro y sus Superratones o de Olivia de Happyland o de algunos otros cuyas palabras también supusieron para mí mucho más de lo que ellos se imaginan. Pero si hay dos personas que verdaderamente son culpables de que el disco sea prácticamente una realidad son Michael Carpenter y Seba Rubín.

A Michael Carpenter (cantante, multistrumentista, autor y productor australiano) lo conocí porque fue el productor de los últimos discos de los Happy Losers y por lo tanto el culpable de que nuestro sonido tornara del amateurismo a la profesionalidad pero lo que empezó siendo una relación puramente profesional (no lo conocía para nada la primera vez que lo vi en el local de ensayo) acabó tornándose en una relación afectuosa primero y de amistad después que a pesar de la distancia (que al residir en Sydney no puede ser mayor) hemos conservado hasta el día de hoy gracias fundamentalmente a este magnifico invento que es internet. Michael fue el que me hizo quitarme las telas de araña de mis ojos y las nubes negras sobre mi cabeza, especialmente en cuanto a los aspectos técnicos que rodean la grabación de un disco. Siempre ha creído en mí y siempre ha simplificado cualquier infierno que a mí se me presentase. Ha sido en el disco batería, bajista, técnico, productor y algo así como mi ángel de la guarda. Nunca jamás sabrá lo eternamente agradecido que le estoy.

Pero además de todo eso Michael es un gran artista con una larga trayectoria y discografía y este año ha editado su última entrega: "Redemption #39". Lógicamente se me hace muy difícil poner distancia con los trabajos de amigos míos a los que conozco por encima de otros artistas y que probablemente por ello entiendo mejor lo que quieren decir. Este álbum en cierto modo supone la culminación de todos los intentos de muchas cosas que aparecían en sus trabajos anteriores, algunos de ellos realmente excelentes y que seguramente estarán en las repisas de todos los amantes del Power-Pop. Aquí de nuevo aparecen todas las ricas referencias que lo han hecho artista y que tocan todos los ángulos del pop, el rock melódico y el sonido Americana con la piedra de los Beatles que lo cataliza todo (¿quienes si no?) pero de alguna manera se cierra el círculo y esta vez aparecen ciertos rasgos de madurez que lejos de marchitar el producto lo hace enriquecer. Es como esas canas que para algunas personas parecen signos de decadencia pero para otras aumenta su atractiva. Ligado con lo anterior aparece una evolución gratamente sorprendente en lo lírico donde se dejan definitivamente atrás los clichés del pop para adentrarse en terrenos más ásperos y profundos. Si te gusta el buen pop de melodías y guitarras intenta escuchar el trabajo de Michael.

El otro nombre fundamental en mi carrera por darle vida a mi alter ego de Lukah Boo aparece en el otro lado del mundo, en Argentina, y se llama Sebastián Rubín. A Seba lo conocí hace ya unos cuantos años cuando los Happy Losers andaban de gira junto a Sunday Drivers y un grupo argentino llamado Grand Prix (donde Seba hacía las labores de líder) por las tierras españolas en esa maravillosa idea llamada Autum Almanac. lo que en principio parecía ser un tipo espídico, disperso y con una insuperable incontinencia verbal que en algunos momentos podía resltar cansina y mal interpretarse como arrogante, acabó siendo un tipo divertido, sensible, cariñoso, abierto y sobre todo amigo de sus amigos. Su inagotable actividad pero sobre todo envidiable positivismo, dinamismo y capacidad de acción hizo que prácticamente me fuese imposible permanecer parado ante su mirada. Sólo por no tener que discutir con él e inventarme excusas para no moverme tuve que ponerle manos a la obra lo cual es algo que también le agradeceré siempre en el alma. No sólo las facilidades que me ha dado para hacer sencillo lo que a mi me parecía imposible sino su aliento constante y esa capacidad para creer en mí más que yo mismo hacen que el disco ya me haya dado más que cualquier cosa que pueda venir.

Por esas cosas de la vida, también ha publicado nuevo disco este año, el magnífico “Desayuno de Campeones” (en claro homenaje a uno de sus grandes ídolos que además también introdujo en mi imaginario como es Vonnegut) firmado por el nombre de su banda Rubin y los Subtitulados. El disco sigue la estela de su excelente debut “Esperando el fin del mundo” con buenas dosis de pop de altura, melodías inteligentes y letras certeras pero un disco donde la arrolladora energía y la violenta producción de su predecesor dan paso al talento de las segundas vueltas, esos sabores y sensaciones que necesitan ser probados una segunda vez para poder ser degustados y disfrutados con total justicia y la producción prescinde del disfraz de la fuerza para dar paso a la belleza y la dinámica naturalidad. Todo un inmenso cocktail de influencias que solo describen la mínima parte de la inmensidad de referencias musicales que maneja la cabeza del señor Rubín, pero todas ellas pasada por la exclusiva licuadora del pop de catecismo atemporal y eterno. Otro nuevo acierto del porteño que navega en la misma dirección marcada hace muchos años, metiendo en el zurrón todo lo que se ha recorrido pero sin mirar nunca atrás más que para tomar aliento. Una sabia colección de hits para zabullirse y de grandes temas que conservar en la memoria que además tienen la anecdótica pero ni mucho menos casual o fríbola participación del genio de Liniers en la letra de “los encerraditos”. Recomiendo la vista del video de “El rey de la ansiedad” en su Facebook

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